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Vivir es construir juntos
Memoria conceptual del proyecto
De la experiencia compartida y del compromiso con su tierra nace esta iniciativa. Un grupo de profesionales asturianos —arquitectos, abogados y economistas— decide unir conocimiento, talento y responsabilidad para dar un paso al frente ante una realidad que también les interpela como ciudadanos: el difícil acceso a la vivienda.
A una vivienda económicamente asumible y tipológicamente adaptada a su tiempo.
Frente a un mercado inmobiliario cada vez más inaccesible, optamos por un modelo cooperativo que pone a las personas en el centro del proceso. Un modelo que entiende la promoción de vivienda no como un producto especulativo, sino como un proyecto colectivo, transparente y eficiente, donde cada decisión responde a la racionalidad en el gasto y al aprovechamiento responsable de los recursos.
Desde esta base, nos proponemos impulsar promociones que exploren nuevas maneras de habitar: viviendas más flexibles, adaptables a los distintos momentos de la vida y coherentes con las formas actuales de vivir, trabajar y relacionarse. Arquitectura pensada para durar, para evolucionar y para generar comunidad, sin renunciar a la calidad, la luz, el confort ni al arraigo con el lugar. Este primer proyecto “El Vivero”, es en definitiva, una forma de devolver al territorio lo que nos ha dado, construyendo desde el conocimiento y la cooperación una alternativa real para acceder a la vivienda en Asturias.
❋ La promoción podrá experimentar modificaciones por razones de carácter técnico, jurídico, administrativo, comercial y/o criterio de la Promotora/Cooperativa.
El Vivero es una urbanización que disfruta del privilegio de situarse entre un centro urbano, el de Lugo de Llanera, y su entorno natural. En ella se promueve un edificio residencial en régimen cooperativo de 14 viviendas desarrolladas en PB+3 que apuestan por rentabilizar costes mediante la optimización del espacio, la simplicidad constructiva y sistemas de instalaciones racionales y eficaces.
Con una planta cuadrada la disposición de un núcleo vertical central permite disponer una vivienda por cuadrante, generando módulos de unos 110 m² construidos con doble orientación, luminosos y espacialmente equilibrados.
Desde el diseño se abandona la estructura tradicional de "zona de día" y "zona de noche". En su lugar, se plantea un hogar flexible, capaz de adaptarse a diferentes modelos de convivencia, ciclos vitales y usos a lo largo del tiempo. Cada vivienda se articula en torno a un espacio central —cocina y salón-comedor— directamente conectado con una amplia terraza mediante un gran ventanal. Las otras tres estancias, todas de la misma superficie (aprox. 14 m²), se conciben como espacios complementarios, no como dormitorios asignados, permitiendo una adaptabilidad total: lugar de trabajo, habitación, estudio, sala de juegos, estancia ampliada del salón… La generosidad de los huecos de paso refuerza su versatilidad y la posibilidad de configuraciones cambiantes. Todas las viviendas cuentan con dos aseos y un armario general de servicio/lavado.
En planta baja dos viviendas volcadas al entorno natural y orientadas al suroeste disfrutan del contacto directo con el exterior a través de grandes terrazas y espacios verdes privados. Para potenciar la vida comunitaria, se incorpora en esta planta una gran sala-polivalente, asociada al soportal de acceso y abierta al jardín de la urbanización.
El aparcamiento en el sótano se acompaña de dos patios ingleses ajardinados en los laterales que permiten una ventilación e iluminación natural agradable y efectiva que humanizan y naturalizan espacios habitualmente residuales y oscuros favoreciendo el desarrollo de actividades alternativas como el cuidado y limpieza de mascotas o el mantenimiento de motos, patinetes o bicicletas.
La cubierta se resuelve con planos inclinados a dos aguas divididos en tres módulos, aportando una identidad singular al volumen del edificio y generando espacios interiores sugerentes en las viviendas de la última planta. Los lienzos de fachada norte y sur prolongan el revestimiento metálico de la cubierta, ofreciendo un aspecto unitario y contemporáneo.
En las fachadas este y oeste, que acogen los espacios centrales de las viviendas, se proyectan ventanales amplios y luminosos, acompañados de grandes terrazas que por su dimensión (14 m² aprox.) funcionan como una estancia más. Estas terrazas se resuelven con estructuras metálicas muy livianas, combinadas con mallas, tirantes y elementos vegetales que actúan como separadores naturales, aportando privacidad, sombra y una riqueza espacial que amplía la relación interior-exterior.
El resultado es un edificio cooperativo eficiente, amable, luminoso y moderno, que propone un nuevo modo de entender la vivienda: más flexible, más adaptable y más coherente con las formas de vivir actuales. Un proyecto pensado para evolucionar con sus habitantes y para ofrecer un hogar funcional, sostenible y lleno de posibilidades.